Siempre es un placer recibir a un maestro de la talla de Maazel y más si lo hace con la orquesta de la que es titular y que le responde a las mil maravillas. Lo más sugestivo del programa se concentró en la primera parte, con dos memorables lecturas de las grandes páginas sinfónicas de Debussy. De Iberia aún resuenan esos 'perfumes de la noche' que la orquesta de Baviera supo exhalar en juegos de sutilidades sonoras pero sobre todo su refrescante versión de El Mar, y no sólo debido a la terrible ola de calor que consume Madrid, sino a todos los matices que supo extraer Maazel a esta partitura que, me atrevo apuntar, nunca ha sonado así en el Auditorio Nacional. Desde el comienzo casi insinuado en que iban incorporándose poco a poco las sonoridades hasta el diálogo del viento y el mar, dirigido a un tempo excitante, en que todas las…
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