Este título ha vuelto a circular, como en su momento Sly de Wolff-Ferrari, que ha vuelto a caer en el olvido y desde mi punto de vista es superior a la obra que nos ocupa, gracias al interés demostrado por Domingo y Alagna. No creo que hubiera vuelto nunca a la Scala sin el primero, que lo ha llevado por Norteamérica, Londres y ahora Milán, siempre en la misma producción de estilo tradicional y fastuoso (pero tanto aquí como en el espectáculo siguiente se notó para eso la falta de la mano de Margarita Wallman…). Hay algunos buenos momentos, pero la vocalidad no es fácil ni tampoco merece que las gargantas se expriman por el resultado, que en todo caso es mitigado. El mayor aplauso a telón abierto fue para la Radvanovsky, para su racconto. Dicho esto, y que la voz es muy sana e importante, hay que agregar que no es bella, particularmente…
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