La obra se abre con el “despacio, Wozzeck” del Capitán, que lo repite insistentemente cada vez que puede. Casi al final, en su última aparición junto al otro ‘puntal de la sociedad’ (el Médico), mientras Wozzeck se ahoga, cambia y dice “rápido”. Parece como si cumplida la destrucción de los marginales y diferentes ya no quedara nada más que hacer…a lo sumo, un niño huérfano que juega mecánicamente con su caballo.Caballo es un decir porque la puesta aclamada de Marthaler reduce todo a la escena única de un desangelado y gran bar-discoteca con una guardería al fondo donde los niños saltan, todo a la luz enceguecedora del día o de la luz artificial. En una obra que juega tanto con la oscuridad, la sombra, toda una ‘transgresión’. Llegado el momento final, Marie desaparece empujada en una máquina de juegos infantiles y Franz, cuando vuelve,…
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