“¿Cómo es Leyla Gencer? ¿Clásica, trágica, irónica, apasionada, histórica, instintiva, sabia, intelectual?” pregunta confusa Franca Cella en las últimas páginas de la biografía que escribió sobre la soprano. “No, turca”, responde categóricamente la propia diva con una sonrisa teñida de misterio. ¿Hace falta añadir más? No creo; porque jamás sabremos exactamente quién era esta irrepetible primadonna, que llevaba en su sangre a partes iguales aristocracia lituana y especias del Bósforo y cuya luz se apagó para nosotros mortales el pasado viernes. Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché la voz de Leyla Gencer, ignorando aún la grandeza que se escondía tras ese nombre. Se trataba de unos Puritani de Buenos Aires, grabados en 1961 y en cuyo ‘Ah! vieni al tempio’ se encerraba toda la poesía del sublime femenino belliniano. Comenzaba…
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