Casi cuarenta y dos años ha necesitado la quizá mayor ópera de Henze para recorrer los menos de 150 kilómteros que separan Salzburgo, el lugar de su estreno absoluto, de Múnich, adonde ha llegado, por fin, esta semana. Tal retraso puede parecer raro, si se tiene en cuenta la trascendencia de la obra y los estrechos vínculos de Henze con la capital bávara, de cuya Bienal fue fundador y primer director. Sin embargo, la resistencia del público local a casi cualquier música que suene a ‘moderna’ (¡hasta la de Henze!) puede explicar el caso, ‘agravado’ por el enorme desafío interpretativo que representa esta obra.Los intérpretes escogidos para este estreno son el mayor acierto de esta nueva producción, pues forman un conjunto casi ideal y de una competencia artística muy por encima de la que es habitual incluso en un teatro de la categoría de…
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