Naturalmente estoy pensando en los últimos avatares de esta bella ciudad que ha elegido, como otras de Italia, la huída hacia delante con los resultados que están a la vista. De creerse a Bandello, Da Porto, un tal Shakespeare y otros, parece estar casi en su genética el conflicto entre sus habitantes que llega a la sangre. Volviendo a ver la reposición de la puesta en escena de Carsen (de hace mucho tiempo, y quizá por eso menos ‘osada’ que la última vista -y silbada- aquí mismo, la de Tannhäuser, con la que sólo parecen unirla las sillas design) se aprecia más su iluminación casi siniestra en un mundo dominado sin piedad por hombres guerreros -aunque al principio a uno le faltara su espada- que vuelven la espalda a todo lo que no sea venganza o interés personal. La caracterización -que corresponde a la de Bellini- llega hasta a Romeo,…
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