Con haber presenciado tres o cuatro óperas de Verdi y sin ninguna necesidad de grado académico alguno, cualquier espectador se da cuenta de que Attila no posee la calidad de las obras de su trilogía popular, de las posteriores o, naturalmente, de Otello o Falstaff.Ello no empequeñece el disfrute del público, que ama y conoce el género operístico, de este Attila y su arrolladora fuerza viril y patriótica. Claro que en estos tiempos hablar de virilidad o patriotismo, para muchas mentes postmodernas enclaustradas en su pretendido nivel académico, son conceptos políticamente incorrectos o lisa y llanamente palabras a desalojar de sus vidas y sus pensamientos.La verdad es que los espectadores siguen disfrutando de esta verdadera lava que fluye con viril emoción de las nobles arias, de sus inflamadas cabalettas, de los potentes duettos y…
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