La temporada terminó en el elegante teatro de la avenue Montaigne con una obra sobre la que personalmente no sé ya qué escribir. Cuanto más avanzo en la vida, cuanta más gente -dentro y fuera del mundo musical- va pasando a la esfera de los ‘ausentes’, menos me río, más sonrío mientras alguna lágrima incómoda aparece sin que ‘nada’ (o sea ‘todo’) la convoque, y más me convence -y me oprime- ‘la risata final’. Tal vez, sólo tal vez, un día tendré la sabiduría suficiente para reírme sin más yo también. Ese día seguramente ya no volveré a ver ni a oir Falstaff, pero Verdi me habrá llevado de la mano lo más cerca posible. Como me ha llevado, con más éxito, a tocar el lado oscuro, doloroso del ser humano. Cómo hacer de eso mismo también su parte cómica o amable, o fustigable pero comprensible es lo que hizo de golpe cuando ya nadie se…
Comentarios