Recuerdo el furor de una temporada o dos que hizo la canción que sirve de título a esta crónica en España por un grupo muy suelto que se llamaba, precisamente, Las Vulpes, y que a mí me servía para enseñar latín por los años 80 del pasado siglo. Si Janacek hubiera sido un provocador de hoy (yo creo que provoca siempre, pero en un sentido más hondo y duradero, y mucho más discreto), le habría puesto un título parecido a esta ópera ante la cual no caben, apenas, palabras. Porque la ‘zorrita astuta’ de marras se las trae y cómo. Y con cuánta razón: tanta, que hasta se muere por querer seguir siendo lo que es y como es. Llama la atención cómo en una sala enorme, con grandes y chicos, si hay algunas risas y comentarios, todo se sigue con interés y atención y cómo, a la hora de la muerte de la protagonista, aparte de alguna consternación…
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