En el día de la música y con un tiempo de pocos amigos volví a ver esta obra imperecedera después de dos largos años y varios meses que más bien parecen dos siglos. Es bueno reencontrarse con los viejos amigos, pero a uno no le suele gustar ver que alguien haya querido ‘desempolvarlos’, como si les hiciera falta y como si lucir las arrugas -si las hubiera- o las incrustaciones del tiempo -las hay- fuera pecado. Sobre todo si, por una vez, la operación de lifting no está en el director de escena, sino en el foso. La nueva producción de Génovèse es de alguien que es miembro de la Comédie Française, que sabe que puede jugar con algunos detalles, pero que con un libreto (excelente, con perdón de quienes perdonan la vida a Da Ponte y dicen que es ‘flojo’) y una música como estos, lo mejor es seguirlos. Que es lo que hizo, aunque con unas…
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