El contenido del nuevo programa del Festival de Música de Canarias hace justicia por fin a la categoría y solera de un evento que celebra precisamente este año sus veinticinco de existencia. Una afirmación que se ampara en la notable diferencia cualitativa global que se establece entre el contenido de esta edición y la del año pasado, y que entonces sembraba incertidumbre haciéndonos presagiar un futuro gris. Muchas dudas planteó aquella edición bastante anodina en líneas generales, muy alejada de la calidad e importancia de las que se habían visto revestidas anteriores ediciones. La escasa asistencia de público unido a la presencia de unas orquestas de poca relevancia y la nota de color aportada por artistas ajenos al mundo de la música clásica -como fórmula para atraer espectadores de otros ámbitos musicales- hacían más palpable la…
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