La Ópera de la Bastilla transformó Tristan und Isolde, de Wagner, en una instalación de sonido, vídeo y performance. Esta conjugación de medios, influida por las tendencias que orientan desde hace años el campo de las artes plásticas y performativas, fue, precisamente, el aspecto más novedoso de la propuesta. Hasta ahora, y a pesar de que el vídeo es una técnica regularmente presente en las puestas en escena operísticas, nunca había entrado en ningún teatro un espectáculo que se pensase, de raíz, como un montaje multimedia de una obra perteneciente al repertorio más canónico. A partir de aquí, podemos elegir: o nos plegamos, aceptando las discontinuidades y las conjunciones propias del trabajo simultáneo con varios medios que reclaman un protagonismo equiparable en el resultado global, o adoptamos una posición más conservadora y…
Comentarios