Cuestión de estadísticas. Si en cincuenta años de frecuentación de teatros líricos he visto dos veces (ahora y una anterior escenificada en Amsterdam) este título de Berlioz, ¿cuántas oportunidades más me quedan? ¿Cuántas de otras obras -del propio Berlioz, ahí está el Cellini visto una vez en concierto y no demasiado bien, porque hay que ver lo mal que se conocen o reconocen las exigencias de un autor como éste, o de otros músicos- no veré nunca o sólo una vez, de la forma que sea? ¿Cuántas versiones olvidables, mediocres, discretas, inútiles, me quedarán aún de títulos venerados y venerables, pero que deberían ser tratados con todos los honores y sobre todo evitar la rutina y la mediocridad? La respuesta la tienen los directores de los teatros (Dios nos proteja de ellos, en general) y, un poco, también el público.La entrada era buena…
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