Es innegable que Renata Scotto se encuentra, fisiológicamente hablando, en la fase otoñal de su carrera como solista, pero también es evidente que si no fuera así, no podría poseer el amplísimo bagage escénico con el que realmente cuenta. Desgracidamente para todos, la experiencia es compañera casi inseparable de la edad lo cual no deja de ser una jugarreta biológica más. La soprano italiana, con las matizaciones que luego se harán, demostró anoche en el Palau que el saber estar no se improvisa, que la elegancia es innata, que las "tablas" son casi tan importantes como las condiciones físicas, que la inteligencia en la elección del repertorio y del acompañante es primordial, en fin, que el binomio técnica-sensibilidad puede arrancar bravos y sacar los corazones de su letargo cotidiano.El concierto de ayer tuvo, en lo artístico, dos…
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