Resulta difícil explicar con palabras lo que pasó ayer en el Gran Auditorio de la Fundación Calouste Gulbenkian. Lo primero que nos viene a la mente es recomendar ardientemente a los melómanos que viven en Madrid, Sevilla y Barcelona que hagan lo posible, y lo imposible, por asistir a los recitales de Evgeni Kissin programados respectivamente para los próximos días 22, 25 y 29. Siendo justa, y como en Chopin fue perfecto, contar lo que ocurrió en la segunda parte del recital con la Sonata en si menor de Liszt empieza a exigir una gama de expresiones entre las que aparecen milagroso, mágico y maravilloso. Sólo da pena que, de tanto usarlas hiperbólicamente, estas palabras hayan perdido gran parte de su elocuencia. No obstante, no vamos a tener la reacción del protagonista de la célebre novela de Robert Musil cuando se enteró por el…
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