A pesar de que el espectáculo haya nacido en Lyon, Pelly y sus huestes lo retrabajaron para esta exhumación parisina donde es casi un reestreno. El pobre Chabrier no tuvo nunca suerte con sus fatigas líricas, y cuando se escucha y se ve -sobre todo- una obra como esta, se piensa que no hay derecho a escuchar tanta hojarasca (nueva o vieja que sea) o a ir a buscar el último refrito del barroco o pastiche rossiniano y dejar sin oportunidad de defensa a compositores que tal vez no serán ‘fundamentales’, pero que constituyeron una clase en sí misma en su país y en su época, y, sobre todo, con bastante o total razón. Ciertamente se han re-trabajado los diálogos (en forma menos disonante que con Offenbach, aunque algo rechinan), pero superada esa reserva (menor), el resto fue gran teatro y excelente música muy bien servida. Habrá que volver a…
Comentarios