Juana de Arco, una de las obras tempranas de Verdi y no la más conocida entre ellas, es una ópera que, pese a no ser la mejor acabada de su autor, merecería una atención que no se le suele prestar. Su interés estriba en su carácter 'experimental'; por ella podemos conocer a a un Verdi joven, aún inmaduro, pero ya empeñado en la búsqueda de un lenguaje propio, oscilando entre la musicalidad pura del belcanto y el ampuloso patetismo de la gran ópera francesa, rasgos perceptibles en situaciones dramáticas y en episodios musicales que delatan la influencia, y tal vez hasta una cierta dependencia intertextual, de Bellini (en especial de Los puritanos) o Meyerbeer, por supuesto sin alcanzar la plenitud de los modelos emulados. En este sentido, Juana de Arco es una pieza instructiva como pocas para entender la génesis del drama musical…
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