La nueva temporada, comienzo de la actuación de Nicolas Joel como director de la casa, comenzaba simbólicamente con otra reparación: la llegada del prestigioso título de Gounod, que nunca ha logrado entrar a formar parte establemente del repertorio de ningún gran teatro, a la Opéra. Algo que debía hacerse, pero que, una vez hecho, merece algunas reflexiones (no importa si la primera representación tuvo algunas manifestaciones contrarias, si la crítica encontró reparos, ni si el público acudió y aplaudió a rabiar). No sé si conviene, en una ocasión como esta, que el director ejerza también en calidad de director de escena. Puede y suele hacerse, y Joel lo ha hecho en una casa de prestigio como Toulouse. Pero París y Toulouse -aunque sea por el formato y la repercusión internacional nada más- no son iguales. Y por lo mismo, se puede…
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