Se criticó duramente siempre la inserción de morcillas como "musica, moretto" en la famosa aria de presentación de Dulcamara. Esta vez la hemos cambiado por "Gaetano", en una alusión muy fina y difícil. Pero no sé si la ‘perla’ se debe a Pelly o al intérprete de la parte. En todo caso, la puesta en escena del director francés es muy ingeniosa (siempre al borde del exceso, siempre preocupado por tener a todos moviéndose) y con marcaciones francamente buenas, en particular de los protagonistas (el Belcore fanfarrón, una deformación del personaje de Vittorio De Sica en la famosa serie ‘Pan, amor y’, es demasiado grotesco). La infaltable modernización, con bicicletas y camión, muy lograda, tanto en decorado como vestuario, es muy luminosa (nos remiten a una pequeña ciudad de provincia y la campiña que la rodeaba en la Italia de la…
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