Vi por última vez esta misma obra en Bastille, hace menos de dos años, en una nueva y discutible versión escénica y con el mismo protagonista, que entonces debutaba en el rol. Una versión de concierto de Wozzeck parece un contrasentido, si no un disparate. Y no. Resultó no sólo mucho mejor que aquella sino que, en mi experiencia, figura en el segundo puesto de las grandes versiones (la primera sigue siendo la de Abbado en Salzburgo con una de las puestas en escena más logradas de Peter Stein). No contar con decorados y, sobre todo, con ‘conceptos’ de ‘régie’, se reveló toda una suerte. No importaba que los cantantes estuvieran todos delante de la orquesta vestidos con trajes de noche. Supieron moverse lo justo y expresar (con una dicción ejemplar del texto en casi todos los casos) la negrura, el caos, la oquedad, el disparate, el…
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