De las tres funciones que vi en París en este fin de semana, esta fue la menos concurrida. Y, como ya me ha pasado anteriormente, fue la mejor de lejos. El aniversario de Haendel, que pasa inobservado en otras salas, aquí tiene tal cantidad, entre versiones de concierto como estas, otros conciertos y representaciones escénicas, que se hace difícil elegir y hay que hacerlo siempre, para quien no vive en la Ciudad Luz, en función de otros intereses y obligaciones también. Así que llegué a este rarísimo Ezio un poco por casualidad. Caído en desgracia inmediatamente, pese a los cantantes para los que fue escrito, y sin mucha justificación (tal vez demasiado Metastasio, demasiada ‘opera seria’), recuperado sólo en 1977 y no muy frecuentado desde entonces, mentiría si dijera que fui esperando demasiado. Claro, uno admira a Haendel y sabe que…
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