Después de unas cuantas temporadas fuera de cartel, Don Juan ha regresado a Múnich. Esta nueva producción de la Ópera de Baviera es, en cierto sentido, una auténtica revelación tanto en lo musical como en lo dramatúrgico, pues viene a descubrir un aspecto hasta ahora totalmente insospechado de una ópera que lleva más de dos siglos en escena. Los cantantes, la orquesta y, sobre todo, los directores escénico y musical, Stephan Kimming y Kent Nagano respectivamente, nos abren una perspectiva nunca antes imaginada: Don Juan puede llegar a ser un puchero tan indigesto como insulso. La receta es en sí misma fácil; lo que no lo es tanto es el juntar tantos y tan escogidos ingredientes en una misma cacerola (perdón, producción). Lo primero que hace falta es un director de escena no demasiado erudito en materia de donjuanismo o que, si se ha…
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