Llegó y arrasó. Así de contundente fue el éxito del director ruso Mariss Jansons al frente de la Sinfónica de Pittsburg, una orquesta excelente en todos los sentidos. Se desplazaron hasta Madrid con todos sus efectivos, con un programa exigente y atractivo, y sobre todo con unos magníficos intérpretes en cada uno de sus atriles. Su sonido como conjunto es magnífico, sin la excesiva brillantez que puede achacarse a ciertas orquestas estadounidenses, pero con un tutti rico y poderoso. Sólo sobra, y esto es un comentario personal un poco impertinente, el último párrafo de su currículum (yo les llamo cariñosamente ridiculum) en que se afirma que la orquesta mantiene una política de no-discriminación en cuanto a edad, sexo, orientación sexual, etnia, religión, afiliación política y nacionalidad de origen. Que yo sepa ninguno de estos factores…
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