Hace menos de dos años vi este mismo título aquí, y entonces, salvando el insistir en lo bueno que es que semejante obra -que algún esnob francés todavía ridiculiza aunque luego uno de los protagonistas de esta función lo ponga en su sitio- haya terminado por ocupar el lugar que le corresponde, no sé muy bien qué decir de nuevo o interesante sobre ella. Nunca creí que pudiera ver tantos Don Carlo (en la variante que fuera; en esta temporada he visto dos distintos) en mi vida y a eso le estoy bien agradecido porque soy un convencido de que cierta música, de tanto insistir en ella, no puede menos que volvernos un poquito mejores, más sensibles y, en lo posible, más inteligentes. El peligro está en la rutina, por un lado, en la interpretación y, por el otro, en que uno se acostumbra y entonces pide más y mejor, y este título, exigente como…
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