Esta mañana me desperté con una voz inconfundible en la radio. Medio dormido aún pensé ‘mala cosa será’. Porque en muchas radios, como en muchos teatros y en muchas cabezas más jóvenes que la mía, el pasado no existe y tal vez no debería existir para no molestar con lo que incuestionablemente era de lejos superior a lo que hoy se presenta como lujo envuelto en papel carísimo. Y esa voz no la escuchaba yo hace mucho, ni siquiera en mis discos (piratas o no): cuando los pongo y escucho un rato, juro que no volveré a un teatro a ver esta o aquella ópera, y entonces mejor guardarlo -mientras la memoria no falle- en el recuerdo emocionado y agradecido. Algún amigo me cuestiona esto de haberme convertido sin querer en algo así como el necrólogo lírico de Mundo Clásico. Le he contestado que no quedan muchos y que para mí es una obligación de…
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