Después de esta primera jornada, y viendo, por ejemplo, algunos de los nombres contratados (que, como suele ocurrir, no serán siempre los que luego se hagan cargo de las partes), creo que mi presencia en el Anillo parisino se interrumpirá aquí. Se llega a un momento de la vida en que no se desea, si no se está obligado (y en este caso no tengo obligaciones ‘contractuales’), perder tiempo y energía preciosos en algo que parece perdido de antemano y sin remedio. El prólogo [leer crítica] había hecho esperar, y mucho. La primera jornada, siendo la más conocida y por lo mismo difícil, hizo agua por todos lados.Principal responsable, la dirección de Krämer, quien pareció incapaz de dejar, en este drama de la soledad y la incomunicación, a los personajes solos. Y así el singular juego de tensiones que se da en el primer acto entre los tres…
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