En una semana, la Antonacci retomó en diversas localidades francesas (y Amsterdam) su último ‘unipersonal’, Altre stelle [ya reseñado aquí], el primero (Era la notte, que se me ha escapado siempre) y este concierto que ya había ofrecido en el Wigmore Hall de Londres. O sea en escenas importantísimas de Europa, pero no en su Italia natal, donde poco parecen acordarse de ella (y, naturalmente, los que no quieren oír ni entender dirán, como han dicho siempre de todo cantante que se aparte un instante de la ópera, o que la lleva a la dimensión íntima del concierto, que tiene poca voz, que se la ahorra, etc.).En París, Antonacci es ‘la Antonacci’, y su magisterio en el repertorio galo, por empezar, está fuera de discusión, como en el barroco. Aquí, en el marco de una reposición del Pelléas de Debussy, ofreció una serie de melodías francesas y…
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