Cinco años después de su bisoño Demetrio, y tras unos cuantos títulos geniales, Rossini ponía punto final a su producción cómica que sólo retomaría mucho más adelante y brevemente en su etapa final francesa y de muy otro modo (no sólo por el aspecto lingüístico) con esta partitura maravillosa, única. Como era el único título conocido de los tres propuestos este año por el Festival, le tocó el dudoso honor de ser acogido en el espacio mucho más grande pero mucho más desagradable (por acústica, comodidad, situación geográfica) de la Adriatic Arena. ¿Para cuándo la esperada y prometida remodelación del antiguo Palafestival en plena ciudad? De nuevo, falta de medios y de voluntad de cumplir compromisos contraídos, si no por escrito, sí moralmente (perdón por la palabra tan fuera de moda). El público acudió y lo llenó, pero sin que se llegara…
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