Dos años sólo habían pasado desde Demetrio e Polibio, que por ese mismo hecho habría que conocer, cuando hete aquí que surge otra gema musical (porque el libreto es débil). Donde uno menos se lo espera aparece un gran Rossini, ya desde la impresionante obertura. Como si fuera un laboratorio en perpetua ebullición, claro que aquí hay fragmentos que luego se reutilizan y/o reelaboran según las situaciones, pero nacen aquí y muy bien puestos que están (por ejemplo, el coro serio que abre el segundo acto aparecerá un par de años después en la introducción del Barbero, en un momento diametralmente opuesto al de ahora), la intención de reducir las arias o el virtuosismo por sí mismo, la decisión de pintar vastos frescos, de grandes proporciones, que suelen desembocar en una escena de conjunto (pero incluso los dúos, todos los dúos). En dos…
Comentarios