En mi último día en Salzburgo tuve la oportunidad de asistir a dos conciertos sinfónicos muy diferentes, casi diría opuestos, en su concepción. Por la mañana, escuché a la siempre magnífica Filarmónica de Viena dirigida por Bernard Haitink, interpretando la Quinta Sinfonía de Bruckner. Por la noche, fue el turno de la maravillosa Real Orquesta del Concertgebouw, que, bajo la batuta de Mariss Jansons, tocó tres de mis obras favoritas. De este último comentario se puede deducir que Bruckner no se cuenta dentro de mi repertorio de elección. Sólo lo aprecio, y no con demasiado entusiasmo, en directo y cuando está extremamente bien dirigido e interpretado. Eso fue lo que pasó por la mañana, pero una sesuda sinfonía decimonónica difícilmente puede competir con un programa emocionante, colorístico y espectacular, interpretado por músicos cuyo…
Comentarios