De dos óperas que debía ver en París, sólo he podido ver esta. La otra, Eugene Onegin, se canceló por la huelga que agita Francia: orquesta y técnicos se negaron a actuar. Hubo mucha discusión, incluso entre los intérpretes, sobre la conveniencia, el sentido o el impacto de la medida. Lo consigno porque, como en todas partes, la crisis (y más utilizada como pretexto) se está llevando por delante todo y daría con mucho gusto unas cuantas óperas y conciertos perdidos a cambio de un mundo algo más justo y un poco más solidario.La puesta en escena de Decker, luego de diez años y dos reposiciones, se ha convertido en un clásico (mal que pese a los que la palabra produce alergia y algunos de los cuales ahora encuentran que está avejentada. Al parecer, a cierta progresía ni siquiera la crisis le basta para dejar de exigir que se tire el dinero…
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