Anterior a Bach y Haendel, contemporáneo de Corelli, hoy Steffani es un compositor poco recordado, y menos como compositor (que lo fue y bastante fecundo) de óperas. Tal vez su actividad asimismo política (y, supongo, espiritual) haya algo tenido que ver, pero el caso es que desde que se exhumó esta obra en Schwetzingen en 2008 en coproducción con Lisboa, ha interesado no sólo a Luxemburgo (que coproduce este espectáculo), sino al mismísimo Covent Garden que la ha hecho entrar en el repertorio por la puerta grande con seis representaciones (esta era la última y, en apariencia, la más seguida por un público decididamente entusiasta).Una partitura muy libre y variada que intenta de un modo u otro rehuir el corsé de las formas cerradas (que, por supuesto, son la base misma de la obra), muy interesante y ‘sorprendente’ (también en efectos…
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