Como se sabe, Weber murió poco después de estrenarla y con el deseo de retomarla en alemán y de hacer, como en el caso de Euryanthe, una obra toda en música sin diálogos hablados (como le había obligado a hacerlo la costumbre imperante en Londres). Desde entonces, la obra se recuerda por algunos números pero es difícil verla en un teatro porque no sólo es difícil musicalmente (y la posición cronológica y artística del autor, que acabó siendo considerado un precursor de Wagner –cuando era, también y principalmente, pariente de Mozart-tampoco ha ayudado), sino que desde el punto de vista teatral es un quebradero de cabezas: una trama complicada por los escenarios y los pequeños roles hablados. De las dos veces en que he podido verla anteriormente, recuerdo los buenos resultados de una puesta en escena de Ronconi en la Scala y una versión…
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