Es natural que los humanos desaparezcamos. Lo es también que la desaparición de alguno (preferentemente humano de veras y no una parodia de los replicantes de Ridley Scott que van sueltos ahora por el mundo), por más natural que sea, llene de tristeza a sus íntimos y allegados.Cuando uno de esos humanos es un artista, el círculo es obviamente mayor, la noticia tiene claramente mayor repercusión. Cuando ese artista es alguien nacido en EEUU en los años veinte del siglo pasado pero produce, muy lejos, un cortocircuito en alguien que mucho lo escuchó en directo en los sesenta y setenta -por fortuna- pero a lo que más llegó fue a esperarlo una helada noche de invierno junto con tantos otros y hace acudir a su cabeza tantas frases y momentos memorables, la cosa no deja de sorprender, incluso al propio afectado.De los varios ‘Eri tu’,…
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