Hace tiempo que ambos teatros vienen colaborando en este tipo de versiones de concierto de obras que no son exactamente de repertorio, primero ofrecidas un par de veces en Lyon y luego una en París. En los dos últimos años (el pasado fue el Otello rossiniano al que razones de salud me impidieron asistir) el factor común, además de los magníficos coro (no logro encontrar el nombre del maestro preparador) y orquesta del teatro lionés, han sido la dirección de Pidò y la participación de Antonacci en uno de los papeles protagónicos.
El maestro ya había demostrado su valía en este repertorio en la misma ópera en la Bastille. Esta vez sonó más eufórico, con una obertura decididamente ‘rossiniana’ en cuanto al brío y el crescendo, pero supo siempre acompañar y frasear esas ‘melodie lunghe lunghe’ de Bellini.
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