Una de las pocas óperas de Verdi que se me había escapado hasta el momento, aunque en versión de concierto. De todos modos, y siendo la primera, si hay cosas interesantes, en particular en el segundo acto y sobre todo los fragmentos agregados sobre texto de Solera, a Verdi, aun haciendo prueba de carácter desde el vamos (obertura), le cuesta salir de los esquemas convencionales y aunque ya se nota su sentido del cantabile, las arias y cabaletas tienden a ser sin mayor personalidad, o, como el coro inicial, de una ramplonería alarmante. Cuando se repuso cincuenta años después, el propio autor se sorprendió de que semejante ‘vejez’ atrajera aún al público. Lo que es cierto es que a medida que la ópera progresa es como si el novel autor fuera tomando confianza y aparecen ya características de concisión e incisividad. Comparar el coro de…
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