Tratándose de la representación número 158 de esta producción no podían esperarse milagros escénicos. No los hubo, y sin duda, aunque el vestuario es de gran riqueza, los telones pintados y demás (en sí mismos no son en absoluto despreciables) han hecho su servicio y esperan una sustitución. Pero, claro, cuando uno ve el plan de trabajo de esta casa y piensa en otras que se permiten luego de cinco o siete funciones cambiar de producción a la primera ocasión que se presenta y con los costos que ello representa, termina entendiendo y aceptando. Por cierto, no molestaron, y eso es mucho. En Viena a veces ocurren situaciones que llevan a sustituciones en cadena. Se empezó por el director de orquesta, tiempo antes; luego la protagonista no pudo hacerse cargo (salvo en una función en la que su sustituta tampoco podía). En esta representación,…
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