La Real Filharmonía de Galicia dio inicio a una nueva temporada de abono con un concierto dedicado en su integridad a los sonidos del compositor Johannes Brahms.Fue la batuta de Ros Marbà la encargada de esclarecer el camino a una orquesta que si bien comenzó temblorosa, poco a poco fue afianzando su paso y terminó por ofrecer un concierto considerablemente equilibrado.El Doble concierto para violín y violonchelo ocupó la primera parte en la que la orquesta se mostró excesivamente cauta ante las acciones de los solistas. Fría en el Allegro, muy bien empastada en el Andante, donde planteó una inteligente perspectiva de los planos sonoros – destacando la labor de las cuerdas y la madera- para concluir con un tercer movimiento, Rondó, en el que Marbà sacrificó la precisión en beneficio de la fuerza, sin mostrar una meta clara.Por su parte…
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