El próximo 15 de noviembre cumplirá sus primeros setenta años. Primeros, porque en la forma en que está es probable (ojalá) que los duplique. Yo estuve cuatro noches en la Scala; él parecía estar las veinticuatro horas de cada día. Una vez fue con Dudamel a saludar a Netrebko y Beczala después de una Bohème y parecían dos chavales jugando a quién hablaba mejor en porteño, si el venezolano o el, entre otras cosas, argentino; a la siguiente estaba dirigiendo esa obra tan breve y fácil que es el Siegfried wagneriano. La tercera fue esta, el primero de una serie de tres conciertos para festejar precisamente esa fecha. Lamento sobre todo no poder estar presente en el que marcará asimismo el regreso de Abbado a la Scala (estoy escribiendo en el momento en que el hecho sucede). Una de las cosas que hay que valorar en Barenboim es su capacidad…
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