El Teatro Real de Madrid (España) acogerá esta tarde el estreno absoluto de la última ópera del compositor estadounidense Philip Glass (Baltimore, 1937). La ópera, titulada The perfect american, está basada en la novela biográfica Der König von Amerika de Peter Stephan Jungk, publicada en alemán en el 2001 y en inglés dos años después. En esta última versión se ha basado el libretista habitual de Glass, Rudy Wurlitzer, para dar forma a una historia que recorre los últimos meses de vida de Walt Disney y que desvela los aspectos más comprometidos de la personalidad del fundador del gran imperio cinematográfico.
“El personaje de Disney es tremendamentete interesante porque es muy diferente a lo que uno pensaría a primera vista -opina Jungk, que comenzó a investigar la vida de Disney en los años ochenta-. Siempre estaba lleno de preocupaciones, era depresivo, sufría de dolores físicos, había pasado una niñez horrenda en Marceline, un pueblo muy pequeño de Missouri. Toda su cinematografía se puede reinterpretar en función de las pasiones que este lugar produjo en él. Era una persona triste, que pocas veces se sentía feliz aunque hubiera creado algo muy importante. Cuando un proyecto estaba terminado ya no le parecía suficiente, siempre quería seguir y avanzar.” La ópera comienza con la visita de Walt y Roy Disney a Marceline en 1966, para inaugurar una piscina pública que lleva su apellido. Hasta allí les sigue Wilhelm Dantine, un ilustrador austríaco que trabajó un largo período en el emporio Disney, hasta que fue despedido por razones políticas. Un personaje ficticio, pero cuya obsesión con el antiguo jefe nos va descubriendo la cara privada y secreta del creador del mundo mágico de Mickey o el Pato Donald.
La versión operística de The perfect american era un proyecto que Gerard Mortier ha perseguido durante cinco años, que había planificado para Nueva York pero que finalmente se llevó a Madrid. Conoció a Peter Stephan Jungk durante durante una velada organizada por el padre del escritor, Robert Jungk, sociólogo, candidato a la presidencia de Austria en 1992 y uno de los principales defensores de la gestión de Mortier al frente del Festival de Salzburgo. Tiempo después Peter Stephan Jungk le obsequió a Mortier con la novela, advirtiéndole de que “aquí hay material para una ópera.” Mortier advirtió sus posibilidades teatrales en una escena en que Disney dialoga con el famoso autómata de Abraham Lincoln que está instalado en Disney Land. Según la novela, en sus primeros años la estatua del presidente pronunciaba un discurso sobre la libertad e igualdad de todos los americanos. Disney acude una noche por un fallo electrónico de la estatua y observa su funcionamiento, pero al no estar de acuerdo con lo que escucha, ordena a un subordinado que elimine varios párrafos condenatorios de la esclavitud, ante lo cual el robot, en una escena digna del “Don Giovanni” de Mozart, sufre un cortocircuito y golpea al dibujante.
“Esta escena fue el clic que me hizo decidirme por convertirla en ópera” - explicó Mortier hace unas semanas, en un encuentro que tuvo lugar en el Instituto Goethe de Madrid. “Aunque la ópera será menos dura que el libro -prosigue el belga-, porque en ópera necesitamos de los momentos líricos. Por eso hemos acentuado la relación de Disney con los niños. Por ejemplo en la gran fiesta de inauguración de la piscina, que es una manera perfecta de comenzar una ópera, o en la escena de Halloween, en la que una niña disfrazada de buho llama a la puerta de Disney y este entra en pánico al ver al animal, que asocia con la muerte. También hay escenas más reflexivas, como sus confesiones a un chico cuando está internado en el hospital. Hemos buscado que el libreto tenga todo lo necesario para una ópera: momentos líricos, la reflexión sobre la muerte, un buen antagonista en Wilhelm Dantine... solo nos faltaba un gran dueto de amor, pero este era un tema secundario en la novela.”
En cuanto a la elección de Philip Glass, Mortier no alberga la menor duda: “Philip Glass es el perfecto compositor americano, la figura que ha creado la ópera norteamericana. Y en su música minimalista siempre se repiten las mismas notas, como en los dibujos de una película de animación, que al final crean una imagen en movimiento.” “Esta ópera va de un ser humano frente a la inmortalidad -explicó Philip Glass al diario El Mundo en una entrevista reciente- Con suerte, tus hijos te sobrevivirán, y ellos morirán antes que sus hijos. Y, en el caso de Disney, esta situación era complicada, porque estaba 'celoso' de la inmortalidad de Donald y Mickey Mouse, de sus propios 'hijos'".
El miedo a la muerte es uno de los ejes temáticos de la novela biográfica de Jungk. En ella se observan los planes de Disney para trascender a su desaparición, desde la creación de Disney World a sus tratos con Neil Armstrong para que depositara una pequeña figura de Mickey en la Luna. Y su deseo de ser criogenizado, un asunto que le tenía obsesionado en sus últimos meses de vida y que su familia, al contrario de lo que asegura la leyenda urbana, no cumplió, pues el cuerpo de Disney fue incinerado. El americano perfecto refleja también su relación con Hazel George, su fisioterapeuta, con la que Disney mantuvo una larga relación extramatrimonial y con la que se comportaba como si fuera un niño mimado. Es esta relación con su confidente la que Jungk aprovecha para exponer algunos de los matices más peliagudos de la personalidad de Disney. “Su conservadurismo era de extrema derecha -asegura el escritor-. En la época de la Guerra de Vietnam defendía que el presidente Johnson debería arrasar con bombas todo el réginen vietnamita. Estaba también en contra de la Black America, de forma que no había ni un negro trabajando en Disney a no ser que fueran señoras de la limpieza o jardineros. También era machista, en su estudio las mujeres solo podían colorear los fotogramas de las películas, nunca hacer los dibujos, que era una labor creativa reservada a los hombres.”
Un mito que desarma Jungk es el de su antisemitismo. “No es del todo cierto. Trabajaba con muchos empleado judíos, aunque no el resultaban simpáticos.” No todo son sombras en El americano perfecto. Aunque saca a la luz muchos de los trapos sucios del creador del idílico imperio Disney, no falta también en la novela un reconocimiento a su buenas cualidades. “Yo he intentado verle como una persona bastante equilibrada y humana, un genio en su capacidad para obtener lo mejor de los dibujantes que trabajaban para él. Era carismático, y en el trasfondo de la novela creo que se respira un respeto hacia él por la inmensidad de lo que creó y que no sólo ha influído en los niños, también en los adultos. Los aspectos positivos y negativos de sus películas nos acompañarán para toda la vida.” Por su parte, Glass ve en el figura de Walt Disney “un fenómeno americano fundamental”. Según cuenta a la revista del Teatro Real, “Disney es capaz, por ejemplo con Fantasía, de pasar del mundo elevado del arte al mundo del entretenimiento. En este sentido se trata de un fenómeno americano esencial, porque nosotros crecimos en una sociedad en la que existía una cultura popular y una alta cultura que se mezclan, cosa que no ocurre en Europa, donde existe una importante división entre música clásica y música popular.”
La espada de Damocles que ha sobrevolado todo el proceso de puesta en marcha de la versión operística de The perfect american era que, en el último momento, la compañía Disney decidiera prohibir el libreto, ya que nunca dio su apoyo a una novela que arroja una visión tan comprometida del creador del imperio. En su lanzamiento original la novela no armó demasiado revuelo: una de las hijas de Disney le pidió a Jungk una copia del libro, pero el escritor nunca recibió respuesta tras enviarle el ejemplar. Solamente una demanda, en el 2003, cuando la versión inglesa de la novela se publicó con una orejas de Mickey en la portada, que la editorial se vio obligada a sustituir. Al no haber recibido la licencia de Disney para emplear imágenes de la factoría en la ópera, el director de escena, Phelim McDermott, ha tenido que enfrentarse al reto de representar a Disney sin emplear ninguno de sus personajes ni los símbolos que todos asociamos instantáneamente con el dibujante, como su firma.
The perfect american verá un total de ocho representanciones en el coliseo madrileño, los días 22, 24, 27 y 30 de enero y el 1, 3, 4 y 6 de febrero. Viajará después a Londres, pues se trata de una co-producción con la English National Opera. Los roles protagonistas serán encarnados por Christopher Purves como Walt Disney, David Pittsinger como Roy Disney, Ronald Kaasch como el antagonista Wilhem Dantine, Janis Kelly como Hazel George y Marie Maclaughlin como Lilian Disney. La dirección escénica es responsabilidad de Phelim McDermott, con escenografía y figurines de Dan Potra, y la musical de Dennis Russell Davies al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios