Casi todas las obras de cámara de Liszt, en particular las escritas para violonchelo y piano, se enmarcan en el último período de su vida. En esta etapa final el lenguaje del compositor dista mucho del de sus obras anteriores, sobre todo de las de juventud, en las que predomina la brillantez y el virtuosismo grandilocuentes. Un periodo postrero en donde Liszt discurre sobre un mundo interior místico a veces oscuro, incluso desolado, utilizando una armonía compleja y una melodía que en ocasiones deambula como dubitativa, que no busca la complacencia del público y que parece avanzarse a los recursos de escuelas posteriores. La razón por la que el tiempo ha orillado estas piezas para violonchelo y piano es porque podrían encuadrarse como transcripciones. Pero tal cosa en Liszt no debe ser entendida al pie de la letra: el compositor las…
Comentarios