La sempiterna ironía rossiniana al hablar de este último esfuerzo suyo no esconde que esto de ‘petite’ no tiene más que el origen, que era pensado para dos pianos, un armonio, y "doce cantantes de los tres sexos -hombres, mujeres y castrados" como correspondía a la capilla privada del Conde Pillet-Will que la ofreció a su mujer, Louise. Cuando la orquestó, en 1867, las cosas cambiaron. Y cuando se la escuchó en público, pocos meses después de la muerte de su autor, habrá sin duda sorprendido. Porque el autor es reconocible, pero todo está depurado, quintaesenciado. Cuando Verdi decía que Rossini mejor habría hecho escribiendo otro Barbiere, se equivocaba (sí, señores, el gran Verdi podía equivocarse, qué alivio). Y no deja de ser curioso que su homenaje final a su gran predecesor haya sido también una misa (que vio la luz a tropezones y…
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