Final de un domingo tranquilo. Llega un mail. Lo miro dos veces. Respondo. Busco en la maldita ‘wikipedia’. Parece cierto. Seguro que lo es. Llamo por teléfono. Escribo otro mail. El final de domingo se tiñe de recuerdos, de respeto, de desazón ante el final de una vida. Una vida larga, una vida plena; el final podía llegar en cualquier momento. Fue mientras dormía, una buena muerte: 87 años menos un día. Era ‘lógico’. Lo que es ‘lógico’ no suele serlo para otras funciones, otro órganos del ser humano. La tormenta fue ayer aquí, pero la cortina de lluvia es la que ahora no me deja ver demasiado bien. Tanto para agradecer. Tanto que, tal vez, no se le agradeció en su momento por quien podía y debía… La última vez que hablé por teléfono con él, hace dos años -apenas me conocía y había pasado mucho tiempo- le dije: "Maestro, qué joven era…
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