Aquí se demostró lo que significa tener que programar tantas funciones de tantos títulos célebres y archiconocidos de Verdi (este no lo era hasta hace un tiempo, pero hoy -como se ha visto, y no es el único caso ni autor, pienso por ejemplo en la Flauta mozartiana- parece que la popularidad los ha hecho fáciles, y eso no es nada cierto).
Por supuesto había mucho menos público que el día anterior, pero en cualquier caso la asistencia era buena para semejante ‘contenedor’. Ciertamente la falta de telón y los cambios a vista, manuales, no ayudan a la continuidad dramática ni a la concentración: no sólo es obligatoria la pausa entre actos (dramáticamente justa, pero nos hemos acostumbrado a una ‘agrupación’ diversa), sino entre cuadros. La puesta en escena es adecuadamente monumental con procesiones de antorchas, templos que se incendian y…
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