Escribo esto en la madrugada del 10 de octubre, a los doscientos exactos años del nacimiento de Verdi. Que, claro está, se merece un homenaje de todos los teatros líricos del mundo y de todos los amantes de la ópera. Sería necio pretender competir con el homenaje a Wagner del año pasado aquí mismo con funciones en concierto (de tres óperas del autor), porque no hay un festival de la misma entidad dedicado a Verdi y porque, aun considerando los problemas para encontrar cantantes wagnerianos, está claro que para los verdianos la empresa es más desesperada aún: ya se veía en 2001 en el centenario de su muerte (como no se vio en 1951), pero ahora las cosas han empeorado.
El Liceo no lo solucionó con una ópera hecha lo mejor posible (se habló de una Battaglia di Legnano, luego descartada por Rigoletto o Traviata, que también desaparecieron, no…
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