El maestro ítaloargentino es un hombre joven (no ha llegado a los cincuenta y ya tiene un palmarés importante), afable, que me recibe en su despacho en el Liceu antes de una de las funciones del Ballet de Polonia en que el coro canta Bach. No es frecuente –creo que en general, pero para mí al menos- entrevistar a un director de coro, así que empiezo por el principio. Pregunta: ¿Ha sabido Ud. desde el comienzo de sus estudios musicales que se dedicaría a esta profesión? Respuesta: No, claro que no. Pero desde muy pequeño empecé a cantar en el coro de niños del antiguo Teatro Argentino de La Plata, donde mis padres también cantaban. Y aunque soñara al estudiar el piano con los conciertos de Mozart o Chopin, sobre mis quince años empecé como pianista del maestro del coro. Mi padre me habló entonces claramente sobre la dificultad de poder…
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