Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Seguramente nada hay de común entre Luis Cernuda y Giuseppe Verdi. Pero así como creo que no habrá otra reseña mía sobre el músico del bicentenario se me ha ocurrido de algún modo acudir al poeta del cincuentenario que también merece su homenaje. Y porque esta famosa poesía es casi la antítesis, creo, de lo que Verdi plantea en su Requiem: por empezar, porque para él no quedamos libres sin saberlo (tal vez, simplemente, no quedamos libres y punto) y porque seguramente su música, y en particular esta misa para los difuntos tan particular, no tiene como objetivo el olvido, la niebla, la ausencia. Tal vez tenga en común el interrogante, el dolor, el miedo ante la disolución del físico.
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