Son las últimas palabras del Simon Boccanegra verdiano las primeras que se me ocurren cuando, a punto de cerrar el ordenador para ir a coger un tren, me salta literalmente a la cara la noticia, no por previsible menos triste del fallecimiento de Claudio Abbado. Un grande de la batuta, que para mí configura con Giulini y Kleiber (cito por edades, no por `preferencias’ que aquí serían idiotas), la tríada de los maestros que más me han impresionado y ‘enseñado’ desde su podio en vivo. Hay y hubo otros grandes (no los voy a citar) en mi experiencia, tal vez tan grandes como los mencionados, y espero que aún habrá algún otro, pero ellos me marcaron de joven y adulto. Abbado tuvo, además, el ‘mérito’ de haber regresado cuando nadie pensaba que pudiera hacerlo y regalarnos unos doce años más de música que si impresionaron más que los anteriores…
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