Un festival bajo la enseña de Rossini (Rossinissimo! era su nombre) reunía esta nueva producción, la ya vista en Zurich y otros lugares de Otello, y varios conciertos: uno con el contratenor Franco Fagioli y orquesta con obras de Rossini y Meyerbeer, un Stabat Mater con añadido, la Petite messe solennelle y una gala rossiniana cuyos participantes fluctuaron todo el tiempo. Yo había pedido estos tres conciertos que se celebraban en un solo día, pero se me respondió que solo uno y a cambio podía ver, por ejemplo, este título. Cosa que acepté.
El mayor interés radicaba, para mí, en la nueva producción del jaleadísimo (y, en su país, a veces protestadísimo) Michieletto. El resultado fue brillante aunque, desde mi punto de vista, haya siempre cosas discutibles que ya resultan ‘tics’: los ruidos sobre la música (que esta vez empezaron junto con…
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