En opinión del regisseur Frederic Wake-Walker, si Mozart hubiera muerto a los dieciocho, justo después de escribir La Finta Giardiniera, esta obra hubiera bastado para acreditar su fama de gran compositor. Coincido. Ya la sucesión ascendente de los primeros acordes de la obertura trasuntan genialidad en el tratamiento de la armonía, el contrapunto y las dinámicas y a partir de allí todas son ideas claras, concisas y redondeadas en codas precisas y concluyentes. Como en el mejor Mozart, nada falta ni sobra musicalmente. Que cada acorde, contrapunto y coloratura tenga un sentido dramático concreto en un fluir musical totalmente espontáneo y variado en el tratamiento de claves y tonalidades es algo que nadie parece haber logrado como Mozart.
Para la "fingida jardinera" Sandrina (en realidad la marquesa Violante) Mozart compuso recitativos y…
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